Hay quien equipara a la leche cruda con el foferno, de tan peligrosa que dicen que es. Pero tenemos comprobado que si se mantienen unas condiciones higiénicas óptimas en todo el proceso de manipulado de la leche, no pasa absolutamente nada y no es necesario pasteurizar. El problema de la leche cruda no está en la leche (que de por sí es maravillosa con todas sus bacterias “buenas”), sino en los tratamientos inadecuados que, efectivamente, pueden convertirla en un líquido bastante inseguro.

Una de nuestras tareas consiste precisamente en eso: en controlar que se cumplen los estrictos criterios sanitarios que tanto la legislación española y europea como nosotros mismos nos hemos impuesto para que la leche cruda nos aporte todos sus beneficios sin convertirse en un mal trago.