| |
|
|
|
|
|
|
| |

| << |
Guía
del consumidor (2 de 3) |
>> |
Las huellas
de lo auténtico
El proceso
de fabricación del Queso Palmero, completamente
artesano, impide que haya una absoluta uniformidad entre las
piezas de los diferentes elaboradores. A pesar de ello, las
contraetiquetas
certificadoras del Consejo Regulador garantizan el cumplimiento
de una serie de requisitos mínimos:
- Aspecto exterior: Forma cilíndrica,
con las caras planas. La altura y diámetro deben
guardar unas determinadas proporciones. Es decir, que no
se permiten quesos demasiado achatados, ni tampoco de forma
tubular. Un auténtico Queso Palmero debe tener entre
6 y 15 centímetros de alto y debe medir entre 12
y 60 centímetros de diámetro.
- Corteza: Los procesos artesanos de filtrado
y prensado dejan su huella en el exterior del Queso
Palmero. Las bandas horizontales de tono más oscuro,
características de algunos quesos, surgen durante
el ahumado.
La identificación del elaborador, en forma de sello
grabado sobre la parte superior de la corteza.
- Textura: La textura debe ser de firmeza,
elasticidad y solubilidad media.
|
|
- Aspecto al corte: El corte es compacto,
aunque pueden aparecer ojos pequeños e irregulares.
- Maduración: El Queso Palmero se
comercializa tanto tierno (de 8 a 20 días), como
semicurado (de 21 a 60 días) y curado (a partir de
60 días). Es importante subrayar, que el escaso margen
existente entre la producción y la comercialización
del queso fresco impide su certificación por el Consejo
Regulador. Por lo tanto, el queso fresco no lleva contraetiqueta.
- Tipos: Hay dos variedades de Queso Palmero.
El queso de tipo artesano pesa menos de 8 kilos,
mientras que el queso de manada está siempre
por encima de esta cifra y se elabora con cabras pastoreadas.
Además de por su volumen, es fácil distinguirlos
por su etiqueta
(verde para los de manada y burdeos para los artesanos).
- Color: La corteza es blanca en los no
ahumados, aunque va adquiriendo tonalidades ocres durante
la maduración. La pasta es blanca y brillante, pero
va ganando en matices marfileños y mates a medida
que madura.
- Olor y sabor: El aroma de la leche de
cabra es inmediatamente reconocible. Es frecuente encontrar
también recuerdos a pastos, a heno, a champiñones
o a frutos secos. Los ahumados revelan también la
presencia de los materiales naturales usados en el proceso:
cáscaras de almendra, acículas de pino canario
o fibra seca de tuneras (chumberas). Se detecta
una ligera acidez y un salado, así como notas dulces
al final de la degustación.
|
| |
|
|
| << Así
se elabora (1 de 3) |
|
(3 de 3) Así
se etiqueta >> |
|
|
| |
|
|
| |